Carta triste de un emigrante

¡Es muy triste dejar la tierra que nos vio nacer en mi caso Zamora (España) el ojo del Duero. Nuestra familia y nuestros amigos! Son decisiones valientes motivadas por lograr un sueño, el cual siempre comienza con una pesadilla, y donde hay que acostumbrarse de nuevo a todo; un nuevo idioma, unas nuevas costumbres, pero sobre todo a volver a vivir. ¡Es algo así como si tuvieses que morir para volver a vivir!


Comienzas a notar detalles que antes ni siquiera los percibías, y haces comparaciones en todo lo que ves, y ese cielo gris y oscuro parecido a las tinieblas de Alemania siempre lloviendo, comparado con el azul de España que ni lo notabas, y quizás hasta te aburría, cómo lo extrañas ahora; mientras que la nostalgia se va poco a poco apoderando de uno ¡Era feliz y no lo sabía, quiero ser feliz y no sé cómo volver a serlo!

Esa nostalgia que termina atrapándome entre las paredes de una casa, que todavía le falta mucho para llegar a ser un hogar. Esa nostalgia que me atormenta de recuerdos, y que me lleva continuamente al pasado, impidiendo ver el presente, y sólo soportable por la esperanza de un futuro.
Esa añoranza o sentimiento de pena que produce la ausencia, la privación de la familia, de un país, de unas costumbres, de unos amigos, de cosas muy queridas. Los recuerdos te persiguen, sin saber cómo ni dónde colgarlos, y son muchas las noches que te quedas viendo la luna, derramando lágrimas, pensativo, a sabiendas de que esa luna que estás observando, es la misma que ve la gente que tuviste que dejar atrás.


Recuerdos que revives, y ahora se vuelven más nítidos inclusive que en el momento en que ocurrieron, y que se niegan a morir, recordándonos continuamente lo que nos entristece, sin poder borrarlos de nuestra mente.

Y no es una cuestión de que el país donde has ido a parar sea mejor o peor, es que simplemente no es el tuyo, ni tú eres de él. Quizás hasta sea más bonito que el mío, mejores sus costumbres, más culta su gente, más cívica su sociedad…..pero no es el mío; y ese proceso donde yo llegue a sentirlo mío, y él me sienta como suyo, quizás sean mis hijos los que lleguen a alcanzarlo, pues yo busqué un futuro en otro país para poder vivir sin desahucios, para poder comer y tener trabajo; no otro país.


Habrá recuerdos, personas y lugares, que ni la escoba del tiempo logrará borrar, y a pesar de que los recuerdos son algo así como una pizarra donde tienes que ir borrando unos para poder ir escribiendo otros, esos que te hicieron llorar durante muchas noches, nunca se borrarán porque…… son la pizarra de tu vida.

“Dicen que quien sabe de dolor, todo lo sabe”. Los emigrantes llegan a momentos en su vida donde ya no saben qué hacer con tanto dolor, mirándole todos los días a la cara. Sin embargo, será ese dolor el que los enseñará a vivir de nuevo.


“El futuro será mejor mañana……, el futuro será mejor mañana”; es esa frase la que nos hace soportar el presente, mientras el futuro termina siendo presente. Hasta que un buen día, te das cuenta de que ya el futuro es pasado y te preguntas: ¿Mereció la pena? La respuesta te atormenta, te confunde, ya que nunca sabrás si lo que perdiste fue menos de lo que ganaste.

Y algún día, los hijos de tus hijos dirán: “Creo que mis abuelos eran Españoles de Zamora”, ajenos al dolor con el que esos abuelos construyeron los cimientos para que ellos tuvieran un nuevo país, un futuro; y lo que nunca se llegarán a preguntar es: ¿Lo que hicieron mis abuelos, mereció la pena? Porque la respuesta ya será muy ajena a ellos.


Para estos nietos, éste será su país, y quizás algunos en un futuro -por curiosidad- vendrán a España, para ver dónde nacieron sus abuelos, sin llegar a imaginarse, las lágrimas que derramaron cuando se fueron.

Autor: José Mateos Mariscal, emigrante español en Alemania.

Fotografías: Luiz Clas, Fikayo Aderoju, Julia M. Cameron, Alexandro David, Javier Cruz.