Marcos y el Cine Victoria protagonizaron la edad dorada de la lucha libre en Elche

Durante los años 60 y 70, Elche no solo era palmeral, fábrica o campo. Era también ring, sudor, adrenalina y espectáculo. En ese universo vibrante destacó la figura de Juan Carrillo Palazón, conocido en toda la ciudad como “Marcos”, uno de los personajes más queridos que ha dado la historia popular ilicitana.

Nacido en Fortuna (Murcia), pero ilicitano de corazón, Marcos fue un luchador de los de antes: obrero en la fábrica por la mañana, ídolo del público por la noche. Fue alumno y heredero del estilo de Antonio Llopis Sixto “El Tojo”, y pronto se ganó un hueco en el cuadrilátero gracias a su presencia escénica y valentía. En los combates adoptaba el rol de villano, pero en la vida era todo corazón.

El escenario de sus grandes gestas fue el Cine Victoria, mítico espacio en la calle Reina Victoria donde las noches de lucha libre al aire libre congregaban a centenares de vecinos. Marcos se ganó al público con apariciones sorprendentes: desde lanzar agua al alcalde hasta luchar con una serpiente enroscada al cuello. A su lado combatían grandes figuras locales como Hermógenes, los célebres hermanos Pizarro y el propio Tojo.

Además de luchar, Marcos supo rodearse de un grupo fiel de amigos con los que fundó la famosa Tribu Caníbal, entre ellos Manuel Capilla Yerbes y Manuel Jaén. En su barraca del Pantano de Elche entrenaban, comían juntos y organizaban encuentros tan salvajes como entrañables. Su sentido del humor, su energía, su vínculo con la naturaleza… todo ello contribuía a crear un mito local.

Pero la vida de Marcos no se detenía en el ring. Era militante del PCE, lector de poesía, amante de los animales y del campo. Vivía en un huerto frente a la comisaría, en un entorno lleno de sencillez, libertad y filosofía. Era habitual verlo pasear por Elche, saludar a todo el mundo, compartir reflexiones o invitar a comer a sus amistades.

En 1979, cuando se fundaron los Pobladores de Elche, no podía faltar. Se unió a la escuadra Los Bárbaros, junto a viejos amigos de la lucha. Desfilaba con su serpiente al cuello, reafirmando su lugar como símbolo festivo y cultural del municipio.

Más de 25 años después de su muerte, Juan “Marcos” Carrillo Palazón sigue muy presente en la memoria colectiva de Elche. Fue mucho más que un luchador: fue un símbolo de comunidad, de libertad, de autenticidad. Uno de esos personajes irrepetibles que hacen de esta ciudad algo único.