En Elche, hablar de Miguel Hernández Martínez, conocido como el “Marqués de Carrús”, es hablar de uno de los personajes más recordados del siglo XX en la ciudad. Su historia personal y empresarial forma parte de la identidad colectiva de un barrio y de una época en la que el calzado transformó Elche para siempre.
Nacido en una familia humilde del Carrús, en una vivienda “sin luz ni agua”, como él mismo relata, comenzó como aprendiz de zapatero a los 14 años. En 1956, con los ahorros familiares —unos 300.000 pesetas— fundó su primera fábrica en el propio barrio. Aquel fue el inicio de un camino que cambiaría la vida de muchas familias ilicitanas.
En los años 60 su empresa ya contaba con una gran nave en la calle Antonio Machado, de 5.000 metros cuadrados y 300 operarios que producían 3.500 pares diarios. Sumando otros talleres, la producción alcanzó los 6.000 pares de zapatos al día. Con la marca S.O.R., exportó la mayor parte a Estados Unidos, convirtiendo a Carrús en un referente de la industria zapatera internacional.
El año clave fue 1968, con la firma de un contrato millonario con la compañía norteamericana Caressa. A partir de entonces, Miguel Hernández gestionaba más de mil trabajadores y cifras de ventas millonarias. En Elche se convirtió en todo un personaje, con anécdotas como la de su chalet en Candalix, famoso por su piscina cubierta y por los grifos bañados en oro. Aquellos detalles, sumados a su fuerte carácter, hicieron que los vecinos lo bautizaran como el “Marqués de Carrús”.
Pero Hernández no solo fue empresario, también innovador. Implantó medidas inéditas en Elche: dar la tarde libre de los viernes, pagar salarios más altos que la media e instalar aire acondicionado en las fábricas. Sus trabajadores siempre lo recordaron con gratitud, aunque estas prácticas escandalizaran a otros fabricantes.
La bonanza se truncó en los años 70 y 80 con la crisis del petróleo y el fin del acuerdo con Caressa. A ello se sumaron problemas judiciales que terminaron con una condena conmutada, el embargo de su chalet y graves dificultades económicas. Aun así, intentó resistir manteniendo el empleo en la medida de lo posible, sin despidos masivos.
En 2022 presentó su autobiografía “Mi vida y mis empresas” en el Centro de Congresos de Elche. Cientos de vecinos, antiguos empleados y amigos acudieron para escuchar de su propia voz cómo fue capaz de levantar un imperio desde un taller de Carrús.
Hoy, Miguel Hernández Martínez sigue siendo un nombre ligado a la historia viva de Elche. Su vida es un relato de luces y sombras, de éxitos espectaculares y caídas dolorosas, que simboliza la capacidad de esfuerzo y superación de una ciudad entera.
Fotografías: OpenAi




