El 29 de octubre de 2024 quedará grabado en la memoria de la Comunitat Valenciana como el día en que la naturaleza y la falta de reacción institucional se unieron en una tormenta perfecta. La DANA descargó con una violencia desmedida sobre los pueblos del área metropolitana de Valencia, arrasando barrios enteros, dejando un paisaje desolador y un balance de víctimas que tardará en olvidarse.
El recuento final ascendió a 229 muertos, tras incluir al hijo no nacido de una mujer embarazada que falleció durante la tragedia. Una cifra que es mucho más que un número: son familias rotas, calles que nunca volverán a ser iguales y una herida social que sigue abierta.
Pueblos golpeados sin piedad
En Catarroja, el barranco del Poyo se desbordó con una rapidez que no dejó margen de reacción. Más de veinte personas murieron aquí, en un municipio convertido de repente en un río descontrolado. Las imágenes de vecinos subidos a los tejados y gritos de auxilio dieron la vuelta al país.
Silla y Paiporta vivieron escenas similares: el agua arrastró vehículos, inundó viviendas y atrapó a decenas de personas. La abuela que no pudo salir a tiempo, el matrimonio sorprendido en su coche o los jóvenes que intentaron rescatar a otros y quedaron atrapados son historias que siguen presentes en la memoria colectiva.
El Barranco del Pollo en Chiva, epicentro del horror
En Chiva, el Barranco del Pollo se convirtió en símbolo del desastre. Lo que al principio era un caudal tranquilo se transformó en minutos en una riada que alcanzó más de dos metros. Calles enteras desaparecieron bajo la fuerza del agua, dejando tras de sí destrucción y muerte.
Los vecinos recuerdan que apenas tuvieron segundos para reaccionar. El rugido del agua era ensordecedor, los coches flotaban y las fachadas cedían una tras otra. Muchos apuntan a que la construcción en zonas inundables y los puentes estrechos contribuyeron a agravar una situación ya de por sí extrema.
Una alerta que llegó tarde
La alerta masiva a móviles no se emitió hasta las 20:11 horas, cuando el desastre ya estaba en marcha. Para entonces, en Catarroja ya había fallecidos y en Chiva la riada había destrozado manzanas enteras. Vecinos y equipos de emergencia coinciden en que un aviso más temprano habría salvado muchas vidas.
Ausencia de liderazgo político
La gestión del gobierno autonómico ha estado bajo el foco desde aquel día. La vicepresidenta Susana Camarero apenas participó en el Cecopi, y el presidente Carlos Mazón no llegó al centro de coordinación hasta tres horas después de iniciada la crisis.
Su explicación fue que se encontraba en una comida de trabajo. La periodista Maribel Vilaplana, que compartió mesa con él ese 29 de octubre, publicó posteriormente una carta en la que detallaba que, aunque la reunión estuvo marcada por llamadas, no percibió urgencia ni nerviosismo en la actitud del presidente.
Mensajes borrados y contradicciones
El desconcierto creció cuando desde la cuenta oficial de Mazón se publicó que la tormenta se desplazaba hacia Cuenca. Poco después, ese mensaje fue borrado. La justificación oficial fue que estaba “desactualizado”. Para quienes lo vivieron en primera persona, fue un reflejo del desajuste entre lo que ocurría sobre el terreno y lo que transmitían las instituciones.
Protestas y exigencia de responsabilidades
En las semanas posteriores, las calles de Valencia se llenaron de protestas y las familias reclamaron respuestas claras. La oposición exigió comisiones de investigación y responsabilidades políticas. Mazón pidió disculpas y admitió errores, pero para los afectados el daño ya estaba hecho.
La última víctima reconocida
La jueza que instruye el caso decidió en septiembre de 2025 contabilizar también al bebé no nacido de una madre fallecida, elevando la cifra a 229. Ese gesto simbólico subraya que cada vida perdida cuenta, y que detrás de las estadísticas hay personas, sueños y proyectos truncados.
Una herida que sigue abierta
Hoy, caminar por Catarroja, Silla o Chiva es encontrarse con cicatrices visibles y con recuerdos que aún pesan. El Barranco del Pollo, en calma en apariencia, es para los vecinos un recordatorio permanente de lo ocurrido y de lo vulnerables que quedaron ante una gestión tardía y descoordinada.
La DANA del 29 de octubre de 2024 no fue solo un fenómeno meteorológico. Fue también el reflejo de lo que ocurre cuando la política no está a la altura de la ciudadanía que dice representar. Y esa herida, en la Comunitat Valenciana, todavía duele.
Fotografías: OpenAi




