Una noche de recuerdos y emoción revive la historia viva de la Movida Ilicitana

Hay celebraciones que no solo reúnen a la gente, sino que también despiertan la memoria colectiva de toda una ciudad. Eso fue lo que se vivió este jueves durante un encuentro que devolvió al presente la intensidad creativa, la libertad expresiva y la emoción compartida de los años dorados de la Movida Ilicitana.

La librería se llenó por completo desde primera hora de la tarde. A las siete en punto comenzaba una cita que pronto se convirtió en mucho más que una presentación cultural: fue un reencuentro con una forma de vivir la cultura, la música, la noche y la creación artística que marcó profundamente la identidad local.

El motivo del encuentro fue la presentación del primer número del fanzine Historia de la Movida Ilicitana y Santapolera, una obra que inicia una trilogía dedicada a reconstruir con rigor y sensibilidad el pulso cultural de aquella etapa irrepetible. Su autor propone un recorrido detallado por los espacios que dieron forma al movimiento, desde los primeros focos de la nueva ola hasta los locales que se convirtieron en auténticos símbolos de una generación creativa.

El fanzine reúne cien páginas y más de setecientas imágenes, muchas de ellas nunca publicadas hasta ahora. Ese enorme archivo visual despertó emoción inmediata entre quienes reconocían rostros, escenarios y momentos que formaron parte de su propia historia personal.

La velada comenzó con la proyección del corto La Movida Ilicitana y Directo Jazz Bar, una pieza audiovisual que logró transportar al público a otra época con enorme capacidad evocadora. La historia se articula alrededor de un elemento cotidiano convertido en símbolo: la célebre baguette pizza del histórico local, utilizada como hilo conductor para enlazar recuerdos personales con la memoria colectiva del movimiento.

Los asistentes pudieron además recorrer una exposición especialmente diseñada para la ocasión, con más de 150 piezas originales de aquellos años. Documentos de radio, material de bares y discotecas, cómics, moda, carteles, fotografías y recreaciones construían un recorrido completo por la intensa ruta cultural de la ciudad durante aquel periodo. Cada objeto parecía activar un recuerdo distinto, generando una experiencia profundamente emocional.

La jornada terminó entre conversaciones largas, abrazos y sonrisas que hablaban por sí solas. No fue solo un acto cultural, sino un ejercicio de memoria compartida que reafirma la vigencia emocional de la Movida Ilicitana y el deseo de seguir manteniendo vivo su legado.

Porque más allá de la nostalgia, lo que se vivió fue la confirmación de que aquella etapa sigue formando parte del presente de la ciudad. Y que, para muchos, aquellos siguen siendo —como recuerda el propio fanzine— los mejores años de su vida.