Elche siente de cerca al Cristo de Zalamea en una noche de tradición compartida

Hay procesiones que se viven de una manera distinta. Y la del Cristo de Zalamea es una de ellas. Ayer, Jueves Santo, volvió a recorrer las calles de Elche con ese aire cercano que la convierte en una de las más queridas por muchos ilicitanos.

No hacía falta mucho para darse cuenta. Desde antes de que comenzara, ya había gente esperando. Vecinos que se saludaban, familias que buscaban sitio, miradas que se cruzaban sabiendo que estaban a punto de compartir algo más que un simple recorrido.

Cuando el Cristo de Zalamea salió, lo hizo como siempre: sin prisas, acompañado, arropado. La música marcaba el paso y el ambiente se llenaba de respeto, pero también de cercanía. Aquí no hay distancia. Aquí la gente se siente parte.

A lo largo del recorrido, las calles se llenaron de vida. Aplausos suaves, silencios en los momentos clave y esa sensación de estar viviendo una tradición que sigue muy presente en el día a día de la ciudad.

El Jueves Santo en Elche tiene muchos momentos destacados, pero este es uno de esos que se viven desde dentro. Porque no se trata solo de mirar, sino de sentir.

Y anoche, el Cristo de Zalamea volvió a recordarlo.

 

Alberto Carrillo/ AFPRESS