Hay celebraciones que van mucho más allá de un acto festivo. Son encuentros que unen a generaciones, recuperan recuerdos y refuerzan el sentimiento de pertenencia a un barrio. Eso es precisamente lo que volvió a ocurrir en el Toscar durante la festividad en honor a San Pascual.
La Ermita de San Pascual fue escenario de una tarde muy especial en la que decenas de vecinos se reunieron para participar en los actos organizados por la Asociación Ermita de San Pascual. La jornada comenzó con una Misa de Campaña celebrada en el jardín situado junto a la puerta de la ermita, un espacio que se llenó de fieles y residentes que quisieron compartir este momento de recogimiento.
Con la ermita engalanada para la ocasión y un ambiente marcado por la cercanía entre vecinos, la celebración religiosa sirvió como antesala de uno de los momentos más esperados de la jornada: la tradicional procesión de San Pascual por las calles del barrio.
Poco después, la imagen del santo abandonó la ermita para iniciar su recorrido acompañada por numerosos vecinos, representantes festivos, damas vestidas con los trajes tradicionales valencianos y diferentes colectivos que quisieron sumarse a una tradición profundamente arraigada en el Toscar.
A lo largo del recorrido se vivieron escenas que reflejan perfectamente el espíritu de estas fiestas. Personas mayores que han acompañado a San Pascual durante décadas caminaron junto a niños y jóvenes que hoy representan el futuro de unas costumbres que continúan muy vivas en el barrio.
La Ermita de San Pascual ocupa un lugar muy especial en la vida social y religiosa del Toscar. Para muchos vecinos constituye un punto de encuentro donde se celebran algunos de los momentos más importantes del calendario festivo local y donde se mantiene vivo el legado de quienes impulsaron estas celebraciones hace años.
La llegada de la imagen nuevamente a la ermita estuvo acompañada por aplausos y muestras de afecto de los asistentes. Sin embargo, la noche aún guardaba una última sorpresa. Siguiendo el programa previsto por la organización, se disparó un bonito castillo de fuegos artificiales que iluminó el entorno de la ermita y puso el cierre perfecto a una jornada cargada de emoción.
La celebración volvió a demostrar que San Pascual sigue siendo mucho más que una tradición religiosa para los vecinos del Toscar. Es una parte de la historia del barrio, un motivo de encuentro y una oportunidad para reforzar los lazos que unen a quienes han hecho de esta zona de Elche su hogar.
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Paco Ciclón / testigo de nuestras historias cotidianas / AFPRESS


