Diez incunables, más de 170 libros de los siglos XVI y XVII y más de un centenar de periódicos históricos forman parte de este fondo bibliográfico
Hay historias que no están en las fotografías ni en los grandes monumentos, sino en las páginas de un libro antiguo, en un periódico que dejó de publicarse hace más de un siglo o en un documento que alguien decidió guardar cuando quizá todavía nadie imaginaba el valor que tendría con el paso del tiempo.
En Elche, buena parte de esa memoria escrita se encuentra en la Biblioteca Central Pedro Ibarra. Sus colecciones especiales reúnen documentos de diferentes épocas y permiten recorrer más de cinco siglos de historia a través de libros, publicaciones y fondos documentales.
Entre las piezas más antiguas se encuentran diez incunables, con obras impresas desde 1486, y más de 170 volúmenes de los siglos XVI y XVII.
Una parte de estos ejemplares procede de las desamortizaciones de los conventos ilicitanos. Gracias a su conservación, hoy se puede acceder a libros que forman parte de la historia religiosa, cultural e intelectual de la ciudad.
Libros que también cuentan de dónde vienen
El valor de estos fondos no está únicamente en su antigüedad. También importa conocer de dónde proceden y cómo llegaron hasta la biblioteca.
Las Bibliotecas de Elche disponen de catálogos específicos para los fondos más antiguos. Entre ellos se encuentran el Catálogo de incunables e impresos del siglo XVI y el Catálogo de impresos del siglo XVII, realizados por Carmen Gutiérrez Cardona y Rafael Navarro Mallebrera.
Los documentos de épocas posteriores pueden consultarse a través del catálogo de las Bibliotecas de Elche, donde se recoge la procedencia de los ejemplares cuando esta información está disponible.
Entre ellos hay documentación relacionada con asociaciones y partidos políticos del primer tercio del siglo XX, fondos del Instituto Nacional de Segunda Enseñanza de Elche, documentación del Grupo Escolar de Niños y libros que pasaron a formar parte de la antigua Biblioteca Municipal, inaugurada en 1939.
También aparecen fondos procedentes del Instituto de Estudios Africanos, creado en 1945.
Pedro Ibarra, una figura fundamental
El nombre de la biblioteca tampoco es casual. Pedro Ibarra Ruiz, archivero, bibliotecario e investigador ilicitano, tuvo un papel fundamental en la recopilación y conservación de numerosos documentos.
Su labor de coleccionismo permitió reunir monografías, grabados, dibujos y publicaciones periódicas que hoy forman parte del patrimonio bibliográfico de la ciudad. Algunos de estos ejemplares pueden reconocerse por el sello personal de Ibarra.
Y entre todos esos documentos hay una colección que resulta especialmente interesante para conocer cómo se contaba Elche a sí misma: la prensa histórica.
La Biblioteca Pedro Ibarra conserva más de un centenar de cabeceras originales. Entre ellas se encuentra El Agorero, cuyo primer ejemplar está fechado en 1836 y que constituye uno de los primeros testimonios de la prensa local.
A través de aquellos periódicos se puede seguir la evolución de la vida pública, los debates sociales y políticos y la propia construcción de una identidad periodística ilicitana.
Una parte de esa memoria ya está en internet
Conservar estos documentos es importante, pero también lo es conseguir que puedan ser consultados. La digitalización ha permitido precisamente abrir una ventana para que estos fondos puedan llegar mucho más lejos.
Las Bibliotecas de Elche cuentan con la sección Investiga, donde se reúnen colecciones especiales y fondos digitalizados como la Biblioteca Digital y el Fondo de los Hermanos Ibarra.
Además, parte de la prensa histórica ilicitana se encuentra disponible en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica del Ministerio de Cultura. Según la información facilitada por las Bibliotecas de Elche, son 112 las cabeceras históricas ilicitanas incorporadas a esta plataforma.
De esta manera, periódicos que fueron impresos en Elche hace décadas pueden consultarse hoy desde cualquier lugar, sin necesidad de acudir físicamente al ejemplar original.
Es una forma de conservar el pasado mirando al futuro. Los documentos siguen protegidos en la biblioteca, pero sus contenidos pueden llegar a investigadores, estudiantes y ciudadanos interesados en conocer cómo era Elche y cómo sus propios habitantes fueron dejando constancia de lo que ocurría en la ciudad.
Porque, al final, detrás de cada libro antiguo y de cada periódico hay algo más que papel. Hay una parte de la historia de Elche.


