La noche del 5 de enero tiene en Elche una luz propia. Es la luz de les atxes, las antorchas artesanales que llenan de fuego, humo e ilusión las puertas y las calles de los barrios ilicitanos para guiar a los Reyes Magos hasta cada casa. Se trata de una tradición profundamente arraigada en la identidad local, transmitida de padres a hijos como parte esencial de la celebración de la Noche de Reyes.
Desde primeras horas de la tarde, muchas familias preparan sus atxes con palmas secas procedentes del Palmeral. El ritual de confeccionarlas forma parte de la experiencia: recoger los materiales, atarlos con esparto y explicar a los más pequeños por qué esa antorcha no es una cualquiera, sino la auténtica atxa ilicitana. Elaboradas con restos de poda del Palmeral Histórico de Elche, las atxes cumplen una función simbólica clara: iluminar el camino de Sus Majestades y proteger el hogar con la fuerza del fuego.
El origen de esta tradición se remonta a tiempos muy antiguos. En Elche, como en otros puntos del Mediterráneo, la quema de antorchas durante el invierno estaba vinculada a rituales de protección y renovación asociados al solsticio. Las fuentes históricas locales recuerdan que ya en época íbera se encendían hogueras para ahuyentar los males y atraer la buena suerte. Con el paso de los siglos, esta costumbre se adaptó al entorno ilicitano y a su bien más característico: la palmera.
La declaración del Palmeral de Elche como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO reforzó el valor simbólico de las atxes, elaboradas con palmas secas y seaso, las fibras vegetales que se encuentran en el tronco de la palmera. Según la Asociación de Palmereros de Elche, el seaso actúa como un yesquero natural que prende con facilidad y genera la llama y el humo característicos al girar la antorcha, un gesto inconfundible de la Noche de Reyes en la ciudad.
Tras la Cabalgata, alrededor de las ocho de la tarde, las calles de Elche se transforman en un auténtico mapa de luz. Familias enteras salen a las puertas de sus casas con las atxes encendidas, cantando villancicos y señalando el camino a los Reyes Magos. Más allá del gesto festivo, la tradición encierra un profundo sentido comunitario: cada atxa encendida es una forma de compartir ilusión y de mantener viva una costumbre que define a la ciudad.
La fabricación tradicional de les atxes se basa en el aprovechamiento de materiales locales. Palmas secas de poda, fibras del tronco y cuerdas de esparto conforman una antorcha sencilla, artesanal y sostenible. El Ayuntamiento de Elche ha respaldado esta tradición mediante talleres gratuitos, como el celebrado en enero de 2025 en el Huerto de Travalón, donde cerca de 300 personas aprendieron a confeccionar las auténticas atxes utilizando restos de poda del Palmeral.
Además de las iniciativas municipales, asociaciones y colectivos vecinales desempeñan un papel fundamental en la conservación de esta costumbre. En barrios como Las Bayas, entidades locales organizan talleres infantiles en los que los niños elaboran sus propias atxes y recorren las calles cantando villancicos. En otros puntos de la ciudad, como Altabix, San Antón o l’Hort dels Pontos, se desarrollan desde hace años actividades similares impulsadas por la Asociación de Palmereros y las juntas de distrito.
Estas acciones permiten que el conocimiento artesanal y el significado cultural de les atxes se transmitan de generación en generación. Desde la Concejalía de Fiestas se destaca el valor educativo de estos talleres, que ayudan a preservar el origen y la historia de una tradición única. Cuando las atxes se apagan al final de la noche, dejan un mensaje claro: la luz del fuego y de la palma seguirá iluminando la Noche de Reyes en Elche durante muchos años más.




