La ciudad superó las 3.000 toneladas de envases recogidos en 2025 mientras la normativa española y europea impulsa la venta a granel y los sistemas reutilizables
Hacer la compra forma parte de las rutinas más habituales de cualquier familia. Entrar en un supermercado, acudir a un mercado de abastos o pasar por una carnicería o una pescadería parece una actividad sencilla.
Sin embargo, basta con observar durante unos minutos lo que ocurre cuando la compra llega a casa para comprobar que alrededor de los alimentos existe todo un sistema de envases.
Bandejas, bolsas, films, recipientes, envoltorios y otros materiales acompañan a numerosos productos hasta la cocina y, en muchos casos, terminan en los contenedores de residuos poco después de haber cumplido su función.
La pregunta que surge es inevitable: ¿estamos comprando más alimentos o también estamos incorporando cada vez más envases a nuestra compra?
No existen datos que permitan afirmar que todos los productos que encontramos actualmente en los establecimientos estén sobreenvasados o que cada alimento lleve más plástico que en el pasado.
Pero sí hay una realidad que puede medirse en Elche.
La recogida selectiva de envases superó en 2025 las 3.000 toneladas, según los datos municipales. El Ayuntamiento señala que se trata de un récord y que la cantidad recogida duplica la registrada en 2017. Además, respecto a 2021, cuando se retiraron 2.478 toneladas, el incremento alcanza el 21 %. El Consistorio relaciona la evolución con el creciente uso de envases en los hogares.
El dato permite abrir una reflexión sobre cómo compramos, cómo se comercializan los alimentos y qué ocurre con los envases una vez que dejan de ser útiles.
De comprar al peso a elegir entre bandejas
Durante años, buena parte de la compra de productos frescos se realizó en los mostradores de carnicerías, pescaderías y mercados.
El consumidor podía pedir una cantidad determinada y el profesional preparaba el producto.
Medio kilo de carne.
Unas determinadas piezas de pescado.
La cantidad de fruta o verdura necesaria para varios días.
El modelo permitía comprar exactamente lo que se necesitaba y mantenía una relación directa entre consumidor y comerciante.
El sistema sigue existiendo en Elche, pero convive con una forma de compra diferente que ha adquirido un gran protagonismo: el autoservicio.
En los supermercados, una parte importante de los productos llega al consumidor ya preparada para ser seleccionada directamente de las estanterías o cámaras frigoríficas.
El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación recoge en su Informe del Consumo Alimentario en España 2024 que los supermercados y autoservicios concentraron el 40,9 % del volumen de carne fresca de vacuno, mientras que la tienda tradicional representó el 34,6 %. Durante ese año, el volumen comercializado por supermercados y autoservicios creció un 4,3 %, mientras que el de la tienda tradicional cayó un 1,7 %.
Los datos se refieren al canal de comercialización y no permiten concluir que toda la carne vendida en supermercados utilice envases de un solo uso.
Pero sí muestran que la forma de comprar alimentos está cambiando.
Y ese cambio también tiene consecuencias sobre la manera en que se presentan determinados productos.
La comodidad también cuenta
No sería justo responsabilizar únicamente a los establecimientos comerciales.
Los consumidores también hemos cambiado.
Los horarios laborales, las distancias, la falta de tiempo y la necesidad de concentrar muchas compras en una sola visita han hecho que la comodidad tenga un peso importante.
Para una familia puede resultar mucho más sencillo coger directamente una bandeja de carne, un producto de pescado preparado o una bolsa de fruta seleccionada que esperar en distintos mostradores.
El envase puede aportar además determinadas funciones.
Protege el producto.
Facilita su transporte.
Permite conservarlo durante un determinado periodo.
Incluye información obligatoria para el consumidor.
Puede ayudar a organizar la distribución y la presentación.
Por eso no todos los envases son prescindibles.
El debate está en aquellos casos en los que existe una alternativa que permita mantener las mismas condiciones con menos material o mediante un sistema reutilizable.
Un estudio de AECOC sobre los compradores de productos frescos muestra, además, que la relación con los profesionales sigue teniendo importancia. El 42 % de los consumidores encuestados reconoce que compra productos frescos en función de las recomendaciones de su frutero, carnicero o pescadero de confianza. El estudio señala también que la mayoría de los productos frescos continúan adquiriéndose a granel o al corte en mostradores de venta asistida, aunque la carne es una de las categorías con mayor presencia del libre servicio.
La comodidad y la compra tradicional, por tanto, no tienen por qué ser dos mundos incompatibles.
El contenedor amarillo muestra solamente una parte del problema
En Elche se ha producido un crecimiento muy importante de los residuos de envases recogidos.
Más de 3.000 toneladas en 2025.
Un 21 % más que en 2021.
El doble que en 2017.
Son cifras de recogida y no equivalen exactamente a la cantidad de plástico que utiliza cada familia.
Pero sí muestran que el sistema municipal está gestionando una cantidad cada vez mayor de este tipo de residuos.
Y aquí aparece una cuestión importante.
Reciclar es necesario, pero prevenir también lo es.
La política europea de residuos establece precisamente una jerarquía en la que la prevención ocupa el primer lugar, seguida de la reutilización y el reciclaje.
Por tanto, que un envase termine correctamente en el contenedor amarillo es positivo.
Pero sería todavía mejor que determinados residuos no tuvieran que generarse cuando exista una alternativa viable.
Europa también está cambiando las reglas
La preocupación por el crecimiento de los residuos de envases no se limita a Elche.
En 2023, la Unión Europea generó 79,7 millones de toneladas de residuos de envases, equivalentes a 177,8 kilos por habitante.
Los residuos de envases de plástico representaron una media de 35,3 kilos por persona. De esa cantidad, se reciclaron 14,8 kilos y la tasa de reciclaje de los residuos de envases plásticos alcanzó el 42,1 %.
España registró en 2023 una tasa global de reciclaje de residuos de envases del 70,5 %, una de las más elevadas de la Unión Europea y por encima del objetivo europeo del 70 % previsto para 2030.
Pero las políticas europeas están planteando también una reducción de los residuos desde el origen.
El Reglamento europeo sobre envases y residuos de envases establece que, desde 2030, los grandes distribuidores con más de 400 metros cuadrados deberán procurar dedicar el 10 % de su superficie de venta a estaciones de rellenado para productos alimentarios y no alimentarios.
El objetivo es avanzar hacia una economía en la que los materiales se utilicen durante más tiempo y se genere menos residuo.
España ya contempla la venta a granel
En España, el Real Decreto 1055/2022 establece medidas concretas para reducir los residuos de envases.
La norma establece que los comercios minoristas de alimentación de 400 metros cuadrados o más deben destinar al menos el 20 % de su área de ventas de alimentación a productos presentados sin embalaje primario, incluida la venta a granel o mediante envases reutilizables, en las condiciones establecidas por la legislación.
El decreto también establece que los comercios deben fomentar la venta a granel, especialmente cuando el envase no aporta valor añadido al producto.
La normativa apunta, por tanto, hacia una transformación progresiva de los establecimientos.
No se trata de eliminar todos los envases.
Se trata de evitar aquellos que no resulten necesarios y favorecer alternativas reutilizables.
Los mercados de Elche mantienen una alternativa
La ciudad dispone actualmente de cuatro mercados de abastos, según la información municipal: Mercado Central Provisional, Plaza de Barcelona, Plaza de Madrid y Mercado Pla-San José.
El Ayuntamiento los considera una de las formas de distribución minorista más tradicionales del entorno y destaca su oferta especializada.
Estos espacios mantienen una relación directa entre comerciantes y consumidores que permite, en determinados productos, comprar al peso, al corte o en cantidades adaptadas a las necesidades de cada persona.
Eso no significa que en los mercados no existan envases.
Tampoco significa que todos los productos de un supermercado estén excesivamente envasados.
La diferencia está en las opciones que tiene el consumidor.
Cuantas más alternativas existan, más fácil será elegir.
También se trata de evitar desperdiciar recursos
El debate sobre los envases tiene una dimensión medioambiental, pero también económica.
Fabricar un envase requiere materias primas y energía.
Después hay que transportarlo.
Hay que almacenarlo.
Hay que incorporarlo al producto.
Y cuando deja de ser útil, hay que recogerlo y gestionarlo.
No es posible establecer cuánto de ese coste corresponde exactamente al consumidor en cada producto sin estudiar cada caso.
Pero el principio general es sencillo: cuanto más material se utiliza para un producto, mayor es la cantidad de recursos que entran en ese proceso.
Por eso la reducción de envases innecesarios no afecta únicamente a la basura.
También tiene relación con el uso eficiente de materias primas y recursos.
Los datos de Ecoembes muestran la dimensión del sistema
Los resultados de Ecoembes correspondientes a 2024 muestran que las empresas adheridas declararon haber puesto en el mercado 2.045.761 toneladas de envases domésticos.
Ese año, la organización gestionó el reciclaje de 1.560.404 toneladas de envases domésticos, de las que 589.885 toneladas fueron envases plásticos.
Son cifras que permiten dimensionar el volumen de materiales que circula cada año por el sistema de envases domésticos.
También muestran que existe una capacidad importante de recogida y reciclaje.
Pero reciclar no elimina la necesidad de fabricar el envase.
Por eso las políticas actuales están poniendo el foco también en la prevención y la reutilización.
El consumidor no puede hacerlo todo
Reducir los residuos de envases no depende únicamente de quien empuja el carro de la compra.
Los ciudadanos pueden elegir productos a granel cuando existen.
Pueden utilizar bolsas reutilizables.
Pueden evitar determinados formatos cuando tienen alternativas.
Pueden separar correctamente los residuos.
Pero las empresas deciden también cómo diseñan y presentan sus productos.
Los supermercados determinan qué formatos ofrecen.
Los fabricantes pueden apostar por materiales reutilizables o por diseños que reduzcan el uso de materia prima.
Y las administraciones establecen las reglas.
Por eso la responsabilidad es compartida.
No se trata de volver al pasado
Hablar de mercados, carnicerías y pescaderías tradicionales no significa que haya que volver a comprar exactamente como hace 30 o 40 años.
La sociedad actual tiene otras necesidades.
Hay personas que necesitan comprar rápido.
Familias que buscan productos preparados.
Consumidores que valoran poder hacer toda la compra en un único establecimiento.
Y establecimientos que necesitan organizar su actividad de una manera eficiente.
El objetivo no debería ser enfrentar supermercado y comercio tradicional.
Ni consumidor y fabricante.
Ni comodidad y sostenibilidad.
El reto consiste en conseguir que puedan convivir.
Que quien necesite rapidez tenga opciones.
Que quien prefiera comprar al corte pueda hacerlo.
Que quien quiera utilizar envases reutilizables encuentre alternativas.
Y que el consumidor no tenga que aceptar un determinado volumen de embalaje cuando existe una solución razonable con menos residuos.
Una pequeña prueba en casa
Hay una forma sencilla de comprobar cuánto envase acompaña nuestra compra.
La próxima vez que lleguemos a casa, podemos colocar sobre la mesa los alimentos y separar todos los envoltorios.
No hace falta hacer ningún cálculo científico. Simplemente observar.
¿Cuántas bandejas hay?
¿Cuántas bolsas?
¿Cuánto film?
¿Cuántos recipientes?
¿Cuántos envases acabarán en el contenedor antes de que termine la semana?
En una sola compra quizá no parezca demasiado.
Pero cuando se multiplican esas pequeñas decisiones por miles de hogares y por todas las compras que se realizan a lo largo del año, la dimensión cambia.
Elche ya tiene un dato que invita a reflexionar: más de 3.000 toneladas de envases recogidas durante 2025.
No demuestra que cada ciudadano utilice más plástico que antes. Pero sí confirma que el volumen de envases recogidos en la ciudad ha crecido de manera notable. Y esa evolución merece atención.
La pregunta está en nuestra cesta
La forma de comprar alimentos ha cambiado. Los supermercados y autoservicios han ganado peso. Los mercados y comercios tradicionales siguen ofreciendo alternativas. Los consumidores buscan comodidad, rapidez, calidad y precio. Las empresas necesitan conservar y transportar los alimentos. Y las administraciones están endureciendo progresivamente las políticas destinadas a reducir los residuos de envases y fomentar la reutilización.
En medio de todo ello está la cesta de la compra.
Por eso quizá la pregunta inicial tenga más sentido que nunca:
¿Estamos comprando solamente los alimentos que necesitamos o también estamos comprando una cantidad de envases que después tendremos que pagar, transportar y gestionar como residuos?
La respuesta no depende exclusivamente del consumidor. Pero sí podemos empezar por mirar qué llevamos a casa. Porque reducir residuos no siempre significa hacer algo extraordinario.
A veces puede comenzar con elegir una cantidad más ajustada, comprar a granel cuando sea posible, utilizar un recipiente reutilizable o escoger un producto cuyo envase aporte realmente una utilidad.
Y quizá el objetivo no sea volver al pasado. Quizá sea algo mucho más sencillo.
Conseguir que en el futuro, cuando lleguemos a casa después de hacer la compra, la mayor parte de lo que saquemos de las bolsas siga siendo comida y no envases.











