La llamada de atención que cambió todo
El 11 de septiembre, D. Francisco Martínez llamó la atención a D. Salvador Lloret tras recibir numerosas quejas de fieles por la celebración de misas excesivamente breves —de unos 12 minutos— y por administrar la comunión bajo las dos especies únicamente a una feligresa.
Aquella advertencia, según relatan testigos, fue interpretada por D. Salvador como una amenaza personal.
La reunión que no aclaró nada
En respuesta, D. Salvador promovió una reunión en la parroquia de Santa María con el objetivo de cuestionar la labor de D. Francisco y el trabajo de la administrativa del Sagrado Corazón de Jesús.
Pese a ser el convocante, no asistió y delegó la organización en el Arcipreste D. Vicente Martínez. Este habría dirigido el encuentro sin conocer los motivos reales que lo originaban, recibiendo únicamente explicaciones parciales o incompletas.
Conclusiones transmitidas al Obispado
Tras la reunión, D. Vicente elevó al Obispo las conclusiones obtenidas, sin haber contrastado previamente los hechos con D. Francisco. El mensaje trasladado al Obispado fue el de un fuerte malestar interno en la parroquia del Sagrado Corazón.
La reacción del Obispado
Con esa información incompleta, el Obispo D. José Ignacio Munilla tomó la decisión de cesar a D. Francisco y despedir a la trabajadora.
No se revelaron durante el proceso los motivos completos ni se expusieron las quejas originales que habían desencadenado el conflicto con D. Salvador.
El trasfondo de la tensión interna
El enfrentamiento entre ambos sacerdotes venía marcado por la defensa que realizó D. Francisco de la trabajadora, con quien D. Salvador mantenía escasa afinidad.
Esta falta de empatía habría sido otro elemento determinante en la escalada del conflicto.
El caso, ahora en los tribunales
La controversia ha llegado a sede judicial. Se espera que las declaraciones de los implicados permitan clarificar lo ocurrido y establecer si las decisiones adoptadas se basaron en información incompleta o errónea.
Crónica: AFPRESS

