La Nit de la Roà volvió a convertir la madrugada del 14 al 15 de agosto en una de las noches más singulares de las Fiestas de Agosto de Elche. Una celebración en la que la ciudad combina el recogimiento ante la Virgen de la Asunción con un ambiente festivo que se prolonga hasta las primeras horas del día.
Las calles del centro histórico estuvieron durante buena parte de la noche llenas de personas que, con el cirio encendido en la mano, participaron en el tradicional recorrido de la Roà. Una tradición que año tras año reúne a familias, mayores, jóvenes y visitantes alrededor de la Basílica de Santa María.
Precisamente el templo fue uno de los grandes puntos de concentración durante la madrugada. Tras la representación de La Vespra del Misteri d’Elx, la imagen yaciente de la Virgen de la Asunción quedó expuesta en el cadafal para la veneración de los fieles. La afluencia fue constante y se formaron largas colas para acceder a la Basílica y contemplar la imagen de la patrona.
La imagen de la Virgen, rodeada de flores y en el interior de la Basílica, se convirtió durante toda la noche en uno de los principales centros de atención de una Roà que mantiene intacto su carácter de velatorio colectivo. Miles de personas participan tradicionalmente en esta vigilia recorriendo las calles con sus cirios y siguiendo un itinerario relacionado con la procesión del entierro que se celebra el 15 de agosto.
Pero salir a la Roà también significa encontrarse con una ciudad completamente despierta. Mientras alrededor de Santa María se sucedían las escenas de devoción y recogimiento, las zonas festivas registraban una gran actividad.
Las barracas estuvieron a tope, con numeroso público disfrutando de la música y de la programación preparada para esta noche. La plaza del Congreso Eucarístico volvió a ser uno de los lugares con mayor ambiente, con espectáculos que reunieron a un público numeroso y despertaron una gran expectación.
Durante horas, las calles del centro fueron escenario de una particular mezcla de ambientes. Por un lado, el silencio y la luz de los cirios acompañando a quienes realizaban la Roà; por otro, la música, las conversaciones y el ambiente festivo de quienes decidieron prolongar la noche.
Y como sucede cada año, cuando la madrugada comenzó a dar paso al nuevo día, llegó otro de los rituales populares de las fiestas: el chocolate con churros. Grupos de amigos y familias pusieron el punto final a una larga noche acercándose a los establecimientos que ofrecían este tradicional desayuno.
La Roà 2026 volvió de esta manera a mostrar las dos caras inseparables de una noche profundamente ilicitana: la devoción a la Virgen de la Asunción y la celebración popular.
Una noche de cirios y largas colas ante Santa María, de música y espectáculos en el centro, de barracas llenas y de encuentros que se prolongaron hasta el amanecer. Una noche en la que Elche, una vez más, mantuvo viva una tradición que forma parte esencial de su identidad durante las Fiestas de Agosto.
Paco Ciclón / Testigo de nuestras historias cotidianas/ AFPRESS


